La invasión rusa de Ucrania ha dejado claro que la dependencia energética ya no es una opción y, además, urge cumplir con los objetivos climáticos vinculantes que la Unión Europea se ha marcado para 2030. Ese año, al menos el 45% de la energía consumida dentro de las fronteras comunitarias tendrá que provenir de las renovables. Sin embargo, la escasez de minerales críticos para cubrir esa demanda puede crear fugas en estos planes en el corto y medio plazo.

Al boom de proyectos verdes en nuestro país le ha seguido la etiqueta de isla energética de Europa, por el enorme potencial que ofrece para producir energía renovable. Pero uno de los retos es responder a esta transición energética acelerada bajo el paraguas de proyectos mineros sostenibles que, por el momento, son escasos y cuentan con limitaciones.

Las baterías de los vehículos eléctricos, las placas solares, los aerogeneradores y otros tipos de tecnologías cada vez más necesarias beben de materiales como el litio, el cobalto o las tierras raras, clasificados por la UE como minerales críticos. Es decir, son minerales que ya, bajo la dependencia de combustibles fósiles actual, plantean riesgos de suministro en los próximos años.

La propia Comisión Europea recoge en su última lista de materiales estratégicos que para las baterías de los vehículos eléctricos y el almacenamiento de energía, en 2030 la UE necesitaría hasta 18 veces más litio y 5 veces más cobalto en comparación con el suministro actual. En 2050, cuando se pretende alcanzar la neutralidad climática, la demanda de litio sería casi 60 veces mayor y la de cobalto de 15 veces más.

“Si no se da respuesta a este aumento de la demanda, podrían producirse problemas de suministro”, aseguraba el documento. Algo de lo que se ha hecho eco un estudio publicado de la universidad belga KU Leuven, que sentencia que “Europa podría enfrentar problemas alrededor de 2030 debido a la escasez mundial de suministro de cinco metales, especialmente: litio, cobalto, níquel, tierras raras y cobre”.

Ahora mismo, la Unión Europea depende enormemente de la importación de estos materiales. En el caso del cobalto, en un 86% (sobre todo del Congo), o incluso en un 100%, como es el caso del litio o las tierras raras (suministrado casi exclusivamente por China). También dependemos de Rusia para el consumo actual de aluminio, níquel y cobre.

Esta alta dependencia del exterior de elementos esenciales para la transición energética supone un riesgo en cuanto a que responde a los vaivenes del comercio internacional. Liesbet Gregoir, geóloga e investigadora de KU Leuven, señala que “Europa necesita decidir con urgencia cómo cerrará su inminente brecha de suministro de metales primarios. Sin una estrategia decisiva, se arriesga a nuevas dependencias de proveedores insostenibles”.

La Comisión Europea, de hecho, señalaba –a raíz de la pandemia de Covid-19– la necesidad de reducir la dependencia y aumentar la diversidad y la seguridad del suministro de materias primas para la transformación ecológica y digital. Aseguraba que autoridades, instituciones y empresas debían aumentar notablemente su agilidad y eficacia a este respecto.

Reconocía, no obstante, que debido a las limitaciones geológicas de la UE, la demanda futura de materias primas fundamentales seguirá cubriéndose en gran medida con importaciones, también a medio y largo plazo. Por lo tanto, la autonomía estratégica de la UE en estos sectores, insisten, debe seguir basándose en un acceso adecuadamente diversificado y sin distorsiones a los mercados mundiales de materias primas.

Dos años límite

El estudio de la universidad belga apunta, sin embargo, que existe un potencial para que las nuevas minas nacionales cubran entre el 5% y el 55% de las necesidades de metales críticos en la UE para 2030, con proyectos mayores de extracción de litio y tierras raras.

Ana María Alonso, geóloga y directora del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), cuenta que dentro de los países europeos “somos uno de los que más posibilidades tiene, sobre todo al oeste de la Península”. Según su experiencia, en nuestro país existe una visión muy negativa de la minería desde el punto de vista medioambiental y social, pero “es una concepción que hay que intentar modificar”.

Reconoce que hay lugares en los que se ha producido daño ambiental, pero el problema es cómo se ha hecho hasta ahora. “Los minerales son necesarios para vivir, porque sino no tendríamos móviles, coches, tecnologías, nada. Pero esos recursos hay que explotarlos de una manera racional y sostenible”, insiste.

En opinión de la experta, si de lo que se trata es de evitar un perjuicio medioambiental, es mejor si se llevan a cabo los proyectos de extracción de minerales críticos en un país donde todo está mucho más controlado, más regulado y donde se tenga capacidad suficiente para hacerlo de manera sostenible.

En la actualidad, Alonso dirige un proyecto de metales críticos en la transición energética para el que se ha recibido unos dos millones de euros de financiación de los fondos europeos de recuperación. Cuenta que “es un proyecto modesto”, que sirve únicamente para reforzar la estructura del centro de investigación.

“Hasta hace poco, la minería, sobre todo de metálicos –que es donde están la mayor parte de minerales críticos necesarios para la transición energética– había decaído muchísimo”, comenta la directora del IGME. “Ahora hace falta minería sostenible y resulta que se han perdido equipos, se ha perdido personal y se ha perdido potencial”, lamenta.

Por este motivo, tanto en España como en el resto de la Unión Europea, se necesita un cambio de paradigma si Europa quiere desarrollar nuevas fuentes de suministro local con altas protecciones ambientales y sociales.

Como recoge el estudio, hoy no hay aceptación de la sociedad o buenas condiciones comerciales para que la UE construya sus propias cadenas de suministro sólidas. “La ventana se está estrechando y los proyectos se tendrán que poner en marcha en los próximos dos años para estar listos para el 2030”, reza el documento.

Una ‘burbuja del ladrillo’ sin infraestructuras

La demanda de metales primarios de la UE alcanzará su punto máximo alrededor de 2040. A partir de entonces, el reciclaje se postula como una de las únicas opciones que pueden ayudar a lograr una mayor autosuficiencia y seguridad estratégica. Una cuestión que va a requerir realizar grandes inversiones en infraestructuras. Es decir, lo que viene a ser una apuesta por la economía circular ya incluida en la hoja de ruta climática comunitaria.

En este sentido, el estudio encuentra que para 2050, los metales reciclados localmente podrían producir tres cuartas partes de los cátodos de batería fabricados en Europa, toda la producción de imanes permanentes y volúmenes significativos de aluminio y cobre.

“Es un paso adelante que nuestro sistema de energía limpia se basará en metales permanentes que se pueden reciclar indefinidamente, en comparación con la quema constante de combustibles fósiles de hoy”, recoge el documento. Sin embargo, el bloque “debe actuar con firmeza ahora para aumentar las tasas de reciclaje, invertir en la infraestructura necesaria y superar los cuellos de botella económicos clave”.

La demanda de metales primarios de la UE alcanzará su punto máximo alrededor de 2040. A partir de entonces, el reciclaje se postula como una de las únicas opciones

El estudio señala que el reciclaje de metales, en promedio, ahorra entre un 35% y un 95% de CO2 en comparación con la producción de metales primarios. Sin embargo, el reciclaje “no proporcionará una fuente de suministro viable en la UE para las baterías de vehículos eléctricos y las tecnologías de energía renovable de Europa hasta después de 2040”, aclara el estudio. “Estas aplicaciones y sus metales apenas se están comercializando y no estarán disponibles para su reciclaje durante los próximos 10 a 15 años”.

Como recoge la Agencia Internacional de la Energía (AIE), un esfuerzo concertado para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París (de mantener un aumento de la temperatura global muy por debajo de los 2 °C) significa cuadruplicar el suministro de minerales para las tecnologías de energía limpia para 2040. Para llegar a cero neto a nivel mundial para 2050, requeriría seis veces más insumos minerales en 2040 que en la actualidad.

Para entonces, el reciclaje será imprescindible dados los altos volúmenes de residuos que pueden generarse como resultado de la transición energética. Además, según la AIE, esto alivia la presión sobre el suministro primario. Para 2040, las cantidades recicladas de cobre, litio, níquel y cobalto de las baterías, por ejemplo, podrían reducir la demanda de suministro combinado para estos minerales en alrededor del 10%.

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